Soledad, absoluta. Un vaso de eterno olvido, un trago amargo de resignación, mezclado con vodka, un trago entero para cerrar todas las ventanas y las puertas, un trago para juntar las cortinas, caminar tambaleándome por el pasillo y estrellarme en la cama.

Otro día, otra luz de derecha a izquierda, y tal vez la suerte nocturna de un par de estrellas brillando intermitentemente lejos de la ventana y de la habitación.

Sobre...