22 rodeo por nacional

La vida en este último tiempo ha sido un viaje en bondi, a las tres de la tarde, con el sol intermitente en los ojos, mirando montañas azules en el horizonte, con la ventanilla abierta, las hojas de los árboles colgando sobre las calles y veredas, la gente siempre de espaldas, siempre adelante o atrás, todos en un sentido, las calles de una sola mano, de Este a Oeste de día, de Oeste a Este de noche.

El colectivo es siempre el mismo, el chofer apenas una figurita borroneada entre el motor, las palancas, el volante, los boletos, la camisa azul, los bigotes y los lentes grandes. Los asientos reservados, los caños gastados, calientes y sucios, y el vibrar del motor todo el día en el estómago y en la cabeza. Los asientos descosidos, los pisos llenos de mendobús y boletos "a bordo".

La soledad del asiento de acompañante. El individualismo del asiento individual. El agotamiento de viajar parado, rebotando constantemente. La espera eterna de los semáforos. El calor y el olor a combustible de todos los insectos metálicos esperando hipnotizados frente a la luz roja, y el cemento cubriendo todo, absolutamente todo.

Sobre...