tele-no-velas

De todas partes de latinoamérica, aunque hay epicentros, las telenovelas bajan o suben o trepan para llegar a nuestra cajita de confites azul verde y rojos y proyectarse con millones de confites luz que forman una imagen confitada bastante desagradable, brillante, y además, repetitiva.

La gente abraza las novelas en el momento exacto en que suelta el plato de comida, y la novela envuelve a las personas con esas situaciones que hacen que la vida y la novela tengan un límite borroso, qué está primero, la vida y la novela que la copia o al revés. Siempre uno que pierde la vista y/ o la memoria, el heredero de la fortuna que vive en el campo y no sabe nada, todos los personajes pasando entre las piernas de todos los otros personajes.

Por favor, tele No veanlás y a otra cosa, que los libros son más fáciles de abrazar, y el olor del papel nos deja un no se qué mezclado con un no sé cuánto.

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