García Lorca

Nadamos en humedad que antes no existía. Tormento de sol y piel mojada estrellada contra remeras y pantalones y medias y zapatillas.

El desierto no se convertirá en un oasis, más bien en un sauna.

El nuevo dique tiene la culpa, dicen los montañeses. La capa de ozono, el calentamiento global, Menem, la crisis del 30, el balance anual de Coca Cola, y al final, tomando el recodo de lo lógico es pos de lo ilógico, o era al revés, no me acuerdo, abrazamos con mucho calor y desprecio, la idea de que los culpables somos nosotros, por inadaptados.

Chorreamos, nos molestamos, nos sacudimos, nos pica la nuca, todo se llena de esa capa fina de sudor, caliente, la silla caliente que no ayuda a nuestros pantalones largos, por que tenía que ir a trabajar de jean, tenía que ponerme medias, tenía que llevar una camisa negra a las 14 hs por calle Las Heras, para entonar con el entorno, para disfrazarme de persona acalorada.

Me reacomodo en la silla y es como un trozo de fiambre despegándose del film de la bandeja. Estuve dos horas al sol y mi nariz osa despellejarse. Por qué siempre vamos al mismo bar infecto? Tomé un jugo de naranjas y salí semi borracho. Ahí adentro, sin querer, todos fumamos lo que algunos fuman, todos tomamos lo que la mayoría toma, y todos sudamos lo que todos sudan. Sus luces no son luces, y hay que hablar a los gritos, y como todos gritan la música obviamente se pone más fuerte. Y no, no es Bach ni nada parecido.

Estoy todo pegado. Me siento la mosca en la telaraña del verano mendocino. Me voy a bañar ya mismo. Mañana, o sea hoy, trabajo a las 9 am. Son las 3:44. Demonios!

Sobre...