La muchacha se desviste con los ojos ante mí, ante el auditorio que espera la respuesta de un ser anodadado.
Los ojos, tan sublimes como sinceros. El corazón se le está saliendo frente a mí, el ventrículo derecho como una lagartija en un bar mitzvah, el izquierdo bombeando a no se donde, y yo, ahí parado, tratando de procesar la realidad, lo increíble. La chica toma mis datos, yo creo que mi vida es una película que ya vi 5 veces, me quedo ahi parado y me mira y me dice con la comisura de los labios que me ama como nadie nunca jamás me amó, pero solo durante 7 minutos, durante los próximos 7 minutos con opción a renovación de contrato. Me da una pluma explosiva y mi mano tiembla porque quiero vivir el resto de mi vida con ella, porque inocentemente creo que mañana se va a levantar mágicamente junto a mí y me va a preparar un té de manzanilla en mi cocina mientras yo sigo soñando que ahora es siempre. La chica se va y yo no puedo volver a vivir, porque es un tren bala a Illinois que perdí, porque la espero y no se por que creo en los milagros, creo que vas a estar en el kisco de godoy cruz y san martín comprando una gaseosa o en la avenida de las palmeras tomando mate sobre una mantita a cuadros verdes y rojos y una guitarra solitaria. No quiero más esta mente, no quiero pensar más como una sección de clasificados de domingo. Quiero encontrarte a dos cuadras de casa y decirte que no hay nadie más hermoso que vos en el mundo entero, que nadie me regaló un abrazo tan hermoso en mi vida entera, que nunca encontré a nadie con quien ya no quiero hablar, quiero subirme al escenario y cantarte este tema maravilloso que estoy escuchando, pero que me sonrías y balbucees algo, y yo sonría sintiendo que somos sólo dos, solo quiero sentarme al borde de la cama y besarte el cuello para siempre y sentir tus manos que estuvieron en mi espalda durante un parpadeo y todavía duelen, sentir el amor que nunca sentí solo un día, sólo eso.

Todo eso después de verte durante 2 segundos y no entender nada de lo que dijiste.

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